La Real Sociedad ganó ayer su cuarta Copa del Rey papá, la segunda en cinco años. Y es que no se ganan trofeos todos los días, menos si eres de un club que no acostumbra a vivir este tipo de citas, como es en nuestro caso. He de decir y lo comenté con algún amigo ayer, que tuve una rara calma segura de que íbamos a ganar. Todo el sábado me acompañó, e incluso días anteriores. Desde que nos clasificamos, vaya.
Fueron pequeños detalles, como ver a un padre con dos hijos, los tres con diferentes camisetas de la Real Sociedad, lo que lo acrecentó. Apenas vi a un niño con una camiseta del Atlético, al que ignoré por si acaso. Si hasta en el centro comercial entramos en una juguetería a por un regalo y vi el autobús del equipo, como no iba a creer. Adjunto foto para incrédulos.

El partido no fue igual que el de 2021 en casi ningún sentido. El primero y más importante que no lo pude ver con mi padre, sino que lo vi con amigos en un bar del pueblo, en tensión y sin ningún tipo de apoyo. El resto de los allí presentes simpatizaban algo más con el Atlético, sin ser un partido que les importase mucho siendo la mayoría seguidores del Racing de Santander. Ganamos y espero que sigas celebrando allí arriba nuestra cuarta Copa del Rey. Ya queda un día menos para la quinta.
La segunda, por el rival y el contexto. La de 2020, disputada por el COVID en 2021, fue contra el Athletic Club sin público. Esta, ante una Cartuja, también escenario de aquel 3 de abril, a rebosar de afición. La tercera, el partido en sí. Aquella se saldó con un gol de penalti de Oyarzabal y ya, mientras que en la de anoche también vio puerta un eterno capitán que ha celebrado gol en las siete finales que ha disputado. Pero se empató a dos, hubo prórroga y en los penaltis, sin el ’10’, Unai Marrero y Pablo Marín fueron los auténticos protagonistas.

El guardameta tras detener los dos primeros penaltis, al ex realista Alexander Sorloth y a la estrella Julián Álvarez, y el canterano Pablo Marín porque pasó de ser recogepelotas en las semifinales de Copa de 2020 a meter el penalti definitivo para vencer 4-3 y alzarse con el título. De las historias que hay que contar. Como que jugaron 10 canteranos realistas la final con la txuriurdin. Y que fueron 12 si contamos a Antoine Griezmann y Robin Le Normand, subcampeones.
Realmente poco más tengo que decir. La tensión se ha ido yendo. Ha tardado, pero ya no está. Ahora solo queda la felicidad, la ilusión y la alegría. El saber que este equipo siempre compite. Que el año que viene volvemos a Europa. Que en verano Don Pellegrino Matarazzo tendrá, con ayuda de Erik Bretos, el tiempo perfecto para planificar su plantilla. Pedir sus hombres.

Fortalecer una plantilla que ya tiene a Oyarzabal, Guedes, Soler, Gorrotxa, Jon Martín, Remiro, Marrero. A Pablo Marín, Yangel, Turrientes, Sucic, Brais Méndez, Aihen, Sergio Gómez, Aramburu. A Take Kubo, Barrenetxea, Óskarsson, Wesley, Caleta-Car, Karrikaburu, Odriozola, Zakharyan. A Zubeldia y a Aritz, si finalmente se queda, con los que Oyarzabal tuvo un gesto de 11. A los chavales que vienen de un filial que está haciendo las cosas muy bien. A todos.
Lo volvieron a hacer papá. Gracias por hacerme txuriurdin. El año que viene te contaré por aquí nuestra primera Europa League. O la segunda Supercopa de España. Que presumiblemente jugaremos la semifinal ante el Real Madrid y una hipotética final ante Fútbol Club Barcelona o nuestro rival de anoche. Yo lo volveré a celebrar aquí abajo, con la misma camiseta puesta, con tu misma bufanda cerca. Tú, papá, volverás a celebrar allí arriba, cuidándonos como estos más de cuatro años y medio. Y como mis 23 anteriores. Te echamos de menos. Goazen Real.





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