Descubrí esta saga de cinco libros escrita por Carmen Mola en casa de mi buen amigo Seki, cuando quedamos para ver la Champions League y me recomendó leer La novia gitana y La Red Púrpura, libros que él ya había leído. Una gran decisión hacer caso a tan sabio consejo. Te superé amigo mío, aún estoy esperando a que te los termines.

No tardé ni un mes en leerme los cinco. Solo quería continuar leyendo. La novia gitana creo que la terminé en cuatro días, La red púrpura en cinco y La Nena en apenas tres. Pensé que había terminado un gran viaje cuando, la tarde del sábado 18 de abril, en Valle Real, un centro comercial de Maliaño, previo a la final de Copa que ganó la Real Sociedad, descubrí que había dos libros más: Las Madres y El Clan, siendo éste último el que vi expuesto en aquella gran vitrina del Carrefour. Con ellos cerré un viaje inolvidable.

Elena, Orduño, Buendía, Chesca y Zárate en la serie de Atresplayer de La novia gitana / Atresplayer

Elena Blanco y la BAC, un auténtico placer

Qué puedo decir de una de las sagas de novela negra que, con diferencia, más he disfrutado. Los misterios y los casos son el gancho, pero los personajes, lo que representan y el mundo en el que viven son la razón para continuar leyendo. Realmente no sé si es la mejor, no me considero ni mucho menos un experto en literatura, pero sí que sé que me inspiró mucho. Su universo, las tramas, lo dentro de Madrid y las diferentes localizaciones que te sientes, las geniales descripciones, los por qués, los personajes. Siendo tan descriptiva, obscena y sucia en muchos puntos, a priori algo que quizá no va conmigo, me sorprendí gratamente a mí mismo al descubrir que ni mucho menos suponía un problema.

Eso sí, como breve paréntesis y porque lo tengo pendiente, existe una serie en Atresplayer de los tres primeros libros (que creo que cerraron la misma y no van a desarrollar ni Las Madres ni El Clan) que aún no sé si podré disfrutar. Confío en que sí, cuando llegue el momento podré desahogarme en este mi diario.

Mi por qué fundamentalmente son los personajes. Desde la protagonista, Elena Blanco, inspectora del BAC, una mujer rota pero brillante, con una historia de superación y una reconstrucción de sus heridas que vas viviendo a su lado, obsesiva y valiente, con miedos, errores, equivocaciones, inteligente, carismática, imperfecta… es decir, profundamente humana.

Está realmente alejada de ese detective perfecto asociado a lo estadounidense, con sus visitas al parking y su característico karaoke. Su pasado condiciona absolutamente todas sus decisiones, lo que no es para menos. Representa esa resiliencia, el dolor que nos acompaña y nunca se llega a ir del todo, esa lucha constante con sus demonios.

Ahora profundizaré también en los demás miembros de la brigada, pero quiero dar especial valor a la evolución de los libros. Empieza con un tono negro y pocos grises, pero pronto empiezas a ver todas estas perfectas imperfecciones que estoy comentando que hacen tan únicas estas lecturas.

Cada caso va explicando mejor quiénes son ellos, sus inquietudes, sus visiones del mundo, sus objetivos, por lo que se mueven en el día a día. Seguir la evolución emocional de Chesca, de Zárate. Incluso al final de Orduño o Buendía, más ligados a desenvolverse a raíz de lo que sucede en los últimos dos libros. Todo ello además con ese toque de novela negra que aquí por supuesto que nos encanta.

Elena Blanco y Chesca en una imagen de La Nena, tercera y última temporada / El Diario

El motor de una buena novela son las intrahistorias

Este es el verdadero equipazo. Zárate, un agente destinado a un puesto menor en el barrio de Carabanchel que, por circunstancias de la vida, termina cayendo en gracia a la inspectora y algo menos de primeras a Chesca. Es reservado, prudente, con una fuerte convicción de sus ideales los cuáles defiende a capa y espada.

Chesca, esa gran infravalorada. Ese personajazo, lo que hace y representa entre La Red Púrpura y sobre todo en La Nena es digno de romperse las manos a aplaudir. Lo dicho, qué absoluto personaje. Su carácter fuerte, directo e impulsivo y la gran evolución de la saga, por detrás únicamente de Elena Blanco. Es la valentía, la lealtad, la reinvención, la libertad, el ser uno mismo. Para mí, la número uno.

No podían faltar Orduño y Buendía, con esa dosis de veteranía, serenidad, experiencia, inteligencia, observación y capacidad de análisis. Eso de forma, pero de fondo son los mentores, representan la confianza, el trabajo silencioso, la importancia del equipo por encima de los egos, el rigor y la lógica, entre otras muchas y tantas cosas.

La complejidad y lo diferente de crear un buen universo y equipo

Es una de las mayores virtudes de los autores, ya que no parecen personajes puestos ahí para cumplir un papel, sino que son compañeros de trabajo de verdad. Como los que podemos tener tú y yo. Que discuten, que se apoyan, se equivocan, enfadan, bromean y tienen vida más allá de la oficina, incluso puede ser que hasta alguna compartida.

Los crímenes y los casos no se resuelven solos, todo está conectado, todo tiene causas y, por supuesto, todo tiene sus consecuencias. La confianza se va construyendo -y destruyendo-, así como la amistad o el amor. Como ya he repetido no busca la perfección, porque hay dudas, equívocos, contradicciones y malas decisiones que hacen a este mundo humanizarse. Por eso creo que conecté tan bien con todo y con -casi- todos. Porque son personajes totalmente coherentes dentro de sus incoherencias propias y normales.

Hasta los ‘malos’ tienen una historia que contar: de fanatismos, de poder, corrupción, manipulación, de venganza. De una deshumanización extrema, así como de la misma forma su violencia. De ver hasta dónde es capaz el ‘ser humano’ de llevar su maldad cuándo las vidas del resto no te resultan importantes.

Chesca, Elena Blanco y Zárate, los grandes protagonistas / Filmaffinity

Los valores, esos grandes incomprendidos

A pesar de ser una novela negra que, como digo, es muy dura especialmente en cuanto a violencia se refiere, puedo rescatar valores tan importantes y necesarios que se plasman y de los que se hablan con un gran sentido y ética como la amistad, el amor, la lealtad, la justicia (o al menos la búsqueda de la misma), la importancia de la inteligencia en todos sus sentidos, la resiliencia, la capacidad de seguir adelante pase lo que pase y, por sobre todas las cosas, la humanidad en medio del desastre.

Esto no es ni mucho menos cómo habréis podido comprobar una reseña de los libros. Este maravilloso viaje os lo recomiendo y espero que lo viváis con toda la intensidad que se merece. Pero para mí es una reflexión en alto. Porque fue una sensación agridulce la de terminar El Clan (¡Y cómo termina!), pero este es, sin lugar a dudas, el mayor elogio que le puedo hacer a esta saga y este universo creado por Carmen Mola.

Siempre me quedará la posibilidad -y estoy seguro que así lo haré, de releer estos cinco libros. Y volver a conectar con ellos. Y, como pasa siempre, descubrir cosas que pude pasar por alto. Porque la BAC y esta saga no destaca por resolver crímenes ni perseguir a los malos, sino por seguir siendo humanos mientras conviven, día a día, con el lado más oscuro de la Tierra.

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📅 Lunes 3 de agosto

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